De las cavernas al celuloide: un viaje fascinante por la historia del maquillaje
La búsqueda de la belleza y la expresión personal a través del color y la transformación del rostro es tan antigua como la humanidad misma. Los primeros vestigios de esta práctica se remontan al Paleolítico, cuando las mujeres ya empleaban pigmentos naturales como el marrón rojizo, obtenido de tierras y minerales, para decorar su cuerpo. Estas marcas, encontradas en pinturas rupestres, no eran meros adornos: en muchas culturas tenían un significado ritual, social o incluso protector. Avanzando en el tiempo, durante la Edad de Bronce, el uso del khol —una pasta oscura a base de galena— se extendió para delinear y proteger los ojos, una tradición que perdura hasta nuestros días.
Sin embargo, fue en el Antiguo Egipto donde el maquillaje alcanzó una dimensión casi sagrada. Hombres y mujeres de todas las clases sociales aplicaban polvos negros y verdes —el primero a base de khol y el segundo de malaquita— no solo con fines estéticos, sino también espirituales. Creían que estos pigmentos ahuyentaban los malos espíritus, protegían la vista del sol abrasador y conectaban con los dioses. Cleopatra, con sus característicos ojos delineados y labios teñidos de ocre, es quizás el icono más conocido de esta tradición milenaria.
«El maquillaje es un lenguaje silencioso que cuenta historias de poder, religión y deseo a lo largo de los siglos» — reflexión inspirada en la labor del divulgador Javier Traité, quien explora este legado en el programa Memoria de delfín.
Contenido original en https://www.rtve.es/radio/20260624/historia-del-maquillaje-belleza-espiritualidad-mucho-cine/17121662.shtml
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